El príncipe azul

Querido príncipe azul:

holissssss… !!! ¿Cómo estás? Yo acá ando… prisionera de mis sentimientos. Atrapada en mi mente pensando en vos todo el tiempo. Soy esclava de mi amor por vos. También de todo mi pueblo que me encerró en esta torre porque creen que caí en una suerte de hechizo y estoy profundamente dormida.

Solamente vos podrás rescatarme de las garras del destino. Ese destino que me puso entre estas cuatr… bueno… es una torre Príncipe… tiene una sola pared. Una pared redonda. ¿Y vos sabés lo que eso significa, querido Príncipe? Que no hay rincones donde apoyar la mesita de luz. Mesita que, por otra parte, no tiene luz en si misma con lo cual no debería llamarse ‘mesita de luz’. Ponele ‘mesita’ si querés. Pero de luz no. ¿De madera? Quizás. ¿De plástico? Tal vez. Pero nunca de luz. ¿Y los cajones? Porque las mesitas de luz tienen cajones y estantecitos. ¿Dónde se vio una mesa con cajones?

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No me nombres ese nombre

¿Cuál es el mensaje que querés darle a tu hija? No me mires asi. La nena no nació y ya querés cagarle la vida, Rosario. Así como lo escuchás. No se puede hablar con vos. No se puede. Ene ó ese pé ú é de é. Nosepuede, Rosario. Al final, tanto “Rosario siempre estuvo cerca, Rosario siempre estuvo cerca”. De los demás capaz que si pero de mi, lo que se dice de mi, nunca estuviste cerca, Rosario. Y ahora, como si faltara algo, te la agarrás con la pobre criatura.

Por esas casualidades de la vida, ¿vos pensás que yo te voy a permitir ponerle “Consuelo” de nombre a la nena? ¿Sabés lo que yo pienso si veo a una nena que se llama Consuelo? Pienso “Y bueno… peor es que hubiera salido sin manitos”. Continuar leyendo

El francés Cousteau

¿Por qué Jacques Cousteau, en su versión doblada al español hablaba con “tono francés” y el resto de la tripulación en perfecto español neutro? Cada vez que veía sus peripecias submarinas, el Jacques me enseñaba que un “pegfecto mundo submagino se atgaviesa con cagiño y paciencia”. Es cierto que la mitad de las cosas no las entendía pero me transportaba a un universo plagado de especies hermosas y, por que no, de ilusiones dormidas.

Pero, por otro lado, la cuestión afrancesada me molestaba y me sigue molestando. O todos o ninguno, viejo. Entraba un marinero y le espetaba un furioso: “Escúcheme una cuestión, Yacs. Tenemos los botes a la miseria, los muchachos están como locos porque este submarino no da para mas. ¿Qué hacemos?”. Y el sabio Cousteau se sacaba su gorrito rojo, sonreía con parsimonia, posaba su mano derecha sobre el hombro izquierdo del marinero bullanguero y le respondía: “Quegido maginego: no te pgeocupes pog las pgofundidades maginas. Nosotgos sugcaguemos estos mages en busca de nuestgo objetivo. El gggggan pulpo bipolagggg”.

Y ahí tengo otra queja para con Jacques. ¿Siempre de buen humor? ¿siempre con sus romances a flor de piel a la hora de responder, de hilar sus frases? ¿Nunca un “no me gompas las pelotas y hacé lo que te digo, la puta madge”? Continuar leyendo

Feliz cumple

Entró en puntas de pie intentando no hacer ruido. Seguro que ella dormía y no quería despertarla. Era su cumpleaños y tenía todo listo. En la bandeja había dispuesto todo como lo imaginó: la taza con el café con leche con dos de azúcar y dos gotitas de edulcorante, con mas leche que café pero no lo suficiente para que se convierta en lágrima. Al costado, tres tostadas recortadas con el cuidado necesario para que forme la “Rosa del Tupungatao”. Una extraña rosa de procedencia brasilera que es negra y amarilla en partes iguales. Un pétalo de cada color. Ella siempre se identificó con ese raro pimpollo. Para lograr el efecto necesario, se levantó a las cuatro menos diez de la mañana. Ahora, seis horas después contemplaba su obra sobre el platito.

Para que la garganta de su amada se hidrate adecuadamente, exprimió doce damascos y los mezcló con gajos de tamarindo, traído de su Costa Rica original. Ese trago, cuyo costo final superaba cualquier sueldo promedio, llevaría el mensaje del esfuerzo que un hombre puede llegar a realizar por amor.

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Señor Facebook

A quien corresponda, si es que hay ahí alguien a quien corresponder:

¿qué tal? Espero que esté bien. Yo quería escribirle este mensaje porque realmente no me siento cómodo con usted. O sea… no con usted porque bueno, no lo conozco, sino mas bien con su forma de pensar y de ser.

No quiero pasar por grosero pero su concepto de la amistad es muy vago, señor Facebook. Cuando yo era chico, para ser amigo de alguien, tenía que conocerlo… verlo… no sé, salir a pasear, tener amigos en común que nos presenten y ver qué tal nos iba. Después de un tiempo recién podría mencionar a alguien como “este es mi amigo”. Sin ir más lejos, con Dalia Rivera estuve viéndome durante quince años antes de que se me cruzara por la cabeza hablar de ella como “mi amiga Dalia”.

El tema es que ahora usted deja, perdón me corrijo: envalentona a la gente para que sea amiga así porque si. El otro día me apareció un cartelito que decía algo así como “Pepe Monje fue al mismo supermercado que usted. ¿Por qué no se hace amigo?”. Porque no lo conozco, señor Facebook. Por eso no me hago amigo. Mirá vos.

Para usted es todo muy fácil se ve. Todos deben querer ser su amigo. Bueno, yo no. Ahora soy amigo. Ahora no. Ahora si. Ahora no. ¿Qué es esto? Mi amistad no es una margarita para deshojar, señor Facebook. Porque usted deja que la gente se haga amigo con cierta complejidad porque tienen que aceptar los dos. Pero no es igual cuando alguien quiere dejar de ser amigo del otro. “Sacar de amigos” y listo. Como si fuera tan fácil en la vida real… ¿Dónde quedó el “vamos a tomar un café y charlamos”, señor Facebook? Ahora hace clic y listo. Pumba! Ya no soy mas tu amigo. Hasta puedo bloquear a alguien y no saber nada mas de su vida ni que él sepa de la mía. Como si la vida fuera tan sencilla. Se ve que a usted nunca le rompieron el corazón, señor Facebook. Se ve que nunca quiso ser amigo de alguien o pelearse y tratar de resolver las cosas hablando. “Bloquear” y a otra cosa mariposa. Continuar leyendo

Seguro que te irá mucho mejor sin mí

Si no soy yo, si sos vos, entonces ¿por qué me querés como amigo? Entiendo que quieras preservar la relación. Pero si la querés preservar, ¿por qué me pedís mas espacio? Si querés mas espacio, agrando el living pero me parece que me estás queriendo decir otra cosa.

Me decís que necesitás un lugar para pensar y ser vos pero que no es mi culpa, que soy tan pero tan bueno que no merezco estar con alguien como vos y que lo haces por mi, porque no soportás verme sufrir. Que necesitás alguien que me quiera de verdad. Me estás diciendo que no te perdonarías nunca hacerme daño. Pero ¿cómo me decís eso? Si no me hacés ni un café con leche… es imposible que me hagas daño.

Me siento en la escuela primaria porque me pedís distancia como me lo pedía la maestra. Me agarrás la mano y, encima, me querés convencer de que vos no me podés dar todo lo que yo te doy, que tendríamos que habernos conocido dentro de cinco años, cuando estemos mas maduros y que lo que necesitás es ese tiempo para pensar qué querés de tu vida. Que soy maravilloso, sensible, simpático, gracioso, alguien con quien se puede hablar pero necesitás algo más en tu vida. Que de todos los hombres con los que estuviste, nadie es mejor que yo pero que vos ahora estás necesitando otra cosa. No entiendo… ¿querés estar con un garca? ¿Alguien que te pegue un par de cachetazos? ¿Un mudo quizás?

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Algo para declarar

“¿Tiene algo para declarar?” me preguntas y yo te pregunto a vos: ¿Si tengo algo para declarar? Claro que tengo algo para declarar. Aca parado en el aeropuerto pero también tengo algo para declarar en la vida misma. El que te diga que no, te miente flaca. Todos tenemos algo para declarar. Lo que no sé es si todos tienen las pelotas que tengo yo para decírtelo. ¿Algo para declarar? ¿Estás segura de que querés jugar a este jueguito? Declaro que estoy podrido de hacer la cola en la verdulería, mirá vos. Hago dos horas de cola para que venga algún amigo de Don Carlos y se lleve las mejores bananas. ¿Querés que siga declarando, oficial de la aduana? Declaro que me gusta la Susana desde que la vi en el baile del Loro y no dejo de pensar en ella. Declaro que me baño una vez por semana para no perder la costumbre. No me mires asi, flaca. Yo soy creyente. Creo en el olor corporal, creo en que cada uno tiene que oler como uno huele y no como las corporaciones quieren que huela. Alguien lo tenía que decir. Yo huelo como dice mi documento: Oscar Del Mango. No huelo Rexona, ¿se entiende el concepto? Pedro Rexona olerá como él quiera. Pero yo huelo a mi. Si te gusta, mejor para vos. Si no te gusta, seguí participando flaca. Como sigo participando yo cada vez que abro una puta botella de Coca. Porque yo tomo Coca, no tomo Pepsi. O sea, todo bien con Pepsi, deben ser buenas personas pero a mi no me gusta la Pepsi. Por mas que las dos se llamen “Cola” no tiene por qué gustarme, ¿no? Yo a los melli Voltini los conozco a los dos pero a Tito lo banco y al Pupi no y los dos se llaman Voltini. ¿Si tengo algo para declarar? Declaro que me tienen podrido los taxistas que te piden que les indiques el camino porque son nuevos. ¿Que soy? ¿Un cura? ¿Un Dios superior que tengo que indicarte el camino? No señor… vos elegiste ser taxista, entonces llevame a donde te pedí. Continuar leyendo

El tornillo

Con vos quería hablar. Tengo que contarte algo pero dejame terminar antes de interrumpir. Vos sabés que yo tengo mis tiempos así que no te pongas nervioso.

¿Te acordás de Juana Marta? Bueno, resulta que me la jugué y la encaré ¿viste? Me la encaré bien encarada y le dije que me acompañe a la ferretería que tenía que comprar unos tornillos.

No me mirés así. Al cine invita cualquiera. Hay que ser bien macho para invitar a la ferretería. Porque no cualquiera se manda a la ferretería así nomás. Hay que saber, hay que tenerlos bien puestos.

Ahora decime algo, ¿vos te diste cuenta de algo? ¿Cómo hace el tipo de la ferretería para saber en qué cajoncito están las cosas? Porque no le erra nunca el tipo. ¿Te diste cuenta de eso? Vos le pedís cualquier mierdita y el ferretero ni se da vuelta. Tira el brazo para atrás, abre un cajoncito mínimo y saca lo que vos le pediste sin dudar un segundo. Y yo no puedo encontrar un puto par de medias en los cajones del placard de la pieza !!! Me quiero morir.

La cuestión es que llegamos y ahí nomás marqué mi territorio: el del que sabe, el del que la manya lunga. No cualquiera entra a una ferretería y sabe lo que quiere. Ahí se juega la masculinidad en su maxima expresión. Además estaba con ella. Porque si vas solo podés ensayar una explicación casera de lo que necesitás. Podés tirar un “cosito” en vez de “tornillo cuaternostro” sin ponerte colorado. Pero con la mina al lado tuyo no hay tutía. Ahí tenés que pelar conocimiento. “Dame un tornillo de cabeza ranurada” y chupate esa mandarina. La pipistrela piensa que sos un tipo con calle, no un chichipío cualquiera. “Este sabe denserio” debe pensar. Seguro.

El problema en esos casos son las repreguntas. Porque el “Buen día, ¿qué desea?” lo pasás sin drama. Ahora te quiero ver cuando el ferretero te indaga como si fueras un testigo en el medio de un juicio. Por eso hay que ir preparado a la ferretería. No sea cuestión que todo se te caiga como un castillo de naipes, como un dominó cuando los ponés parados y tocás uno y se te apilan todos uno atrás de otro, ¿viste?

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Dele Delia

Dele Delia… dígame que si. Dígame que me quiere como yo la quiero a usted. Dele Delia, no se haga la estrecha y sienta mi corazón como si fuera el suyo. Aunque, se lo digo Delia y no lo mando a decir, el suyo está mucho mejor protegido que el mío por su busto que es un busto que da gusto, Delia. Dele… dele… no sea así conmigo. Recuerde cuando nos conocimos Delia. ¿Se acuerda? Seguro que se acuerda pero se hace la sota para no aflojar. Yo no puedo olvidarme como tropecé con su mamá en la puerta de la biblioteca. ¿Se acuerda Delia? Usted estaba con ella y justo salían cuando yo levanté la mano para saludar al Osvaldo. Pobre su mamá, Delia, que ni me vio venir y por supuesto yo tampoco a ella. Yo no sé si fue el julepe o el golpe de mis nudillos contra su nariz lo que la hizo llorar pero cuando ella gritó yo la vi a usted Delia radiante como una flor cuando llega la primavera. ¡Cómo me voy a olvidar, Delia! Dele Delia, dele. No me va estar ignorando todo el tiempo. Con todo lo que pasamos Delia. Dele… dele una limosna de amor a este ñato que la ama con toda su alma, Delia. Acuérdese Delia, acuérdese cuando compartimos ese pirulín el día de la primavera en Palermo. ¿Rememora ese momento, Delia? Usted quería una manzana con caramelo pero yo le dije que se iba a empalagar. No usted ¿eh? la manzana se iba a empalagar con tanto caramelo junto. ¿Se acuerda que me dijo que era un pelotudo y que no la moleste más y que me meta el pirulín en el traste? Yo si me acuerdo porque sus ojos me miraron como miran solamente el amor y el odio, Delia. Dos emociones tan distintas pero tan juntas que parecen hermanos, Delia. Yo le compré el pirulín igual y usted lo tiró para mi lado. Continuar leyendo

Mauricio Almadébil, un alma… débil

Cuando Mauricio Almadébil publicó su libro de poemas “Yo no le canto a la luna, porque es un astro y para astros estoy yo”, el mundo del tango y la melodía arrabalera se alegró de sobremanera. Nunca se supo si fue porque Almadébil dejaba el canto pero lo concreto fue que todos lo felicitaron e impulsaron su nueva vocación.

Almadébil era muy conocido en el ambiente tanguero por sus canciones de contenido fuerte y concreto. En ellas las mujeres no solo dejaban al macho con el corazón roto sino que, además, gozaban con el asunto. En su tango “La chiruza me sopapeó” cuenta como Nélida deja a Roberto Roberti con las manos llenas de pompas de jabón. Porque Roberti estaba lavando los platos cuando Nélida le espeta que su amor no es mas tal. Dice el tango: Continuar leyendo