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The Oficina: Marketing Gurú

Abril 14, 2008 · No hay comentarios

Saliendo de mi grupo de terapia me sonó el teléfono. Gracias a las bondades del caller id, supe que era la gerente de marketing de una empresa para la que tengo la ¿suerte? de trabajar. Aprovechando los 20 segundos que tarda mi celular en mandar cualquier llamada al contestador, sopesé la posiblidad de no atenderla. Pero si la curiosidad mata al gato, entonces menos mal que no fui felino porque estaría más tieso que tabla de planchar.

Atendí y, del otro lado, recibí un: “¿Ya tenés el resumen para la campaña de nuestro próximo lanzamiento?”. Aquí tengo que hacer un paréntesis:

(

Listo. Sigamos.

No tenía hecho nada aún del trabajo en cuestión pero… bueno… es Marketing de lo que estamos hablando, ¿no es así? Entonces decidí que deberíamos reunirnos para poder realmente llevar a cabo mi labor de consultor para que ellos consigan lo que deseaban.

Nos encontramos en la opulenta oficina y comenzamos unos de los brainstormings más fabulosos e ingeniosos en los que he participado. Tan divertido e inteligente fue que nada de lo que salió allí sirvió.

Estancados como estábamos, entró en la sala Gonzalo Tumách. Gonzalo es la estrella del momento en el mundo creativo. Su talento es conocer todas las reglas escritas para romperlas y ser así un outsider, un loquito, un personaje muy requerido por el establishment del marketing corporativo.

Se sentó en la cabecera y apoyó sus dos pies sobre la gran mesa de reuniones. Allí pude ver una de las ojotas mas feas que jamás haya visto. “¿qué pasa, ruso? ” me dijo “¿nunca viste unas ojotas?”. Me guiñó el ojo derecho al tiempo que de su boca salió un chasquido y con su mano izquierda hizo de cuenta que me disparaba un tiro imaginario con su dedo índice.

Miró a todos con la suficiencia de los que no saben nada pero hacen creer a los demás que sí y dijo:

- ¿Qué anda pasando? A ver… escupan que sacamos esto en un salto de iguana (chasquido con dedito nuevamente)

La gerente de marketing lo miró y, asustada, le explicó con pocas palabras las características del producto en cuestión: “Goñi, el producto es bueno pero tiende a recalentar cuando se usa mucho. Además si está prendido cerca de tu cuerpo, te puede producir cáncer”.

Gonzalo Tumách bajó uno de los pies y se mordió la uña del dedo gordo del otro en una clara señal de estar pensando como resolver el entuerto. Estuvo así setenta y seis minutos hasta que, de pronto, se sacó la ojota del pie elevado y se la tiró apuntando a la cabeza del jefe de mercadotecnia pegándole en el medio de la frente. Me miró, dijo “¿Flojo lo mío ruso eh?”, hizo el chasquidito, hizo el tiro loco con sus dedos y se sonó los huesos de las manos.

“Ya está. Vamos a vender al producto como el más caliente del mercado. Es el producto que, al usarlo mucho, te hace apreciar el real sentido de la vida. Pónganle imágenes de un nene, mucha cámara lenta, mucha música de Kenny G. Una pareja abrazados debajo de una lluvia suave, unos viejitos caminando de la mano. Alguna putona fina entrando en una disco sin hacer cola y listo.”

Hizo una pausa mientras aprovechaba para tomar agua directamente desde la jarra. Todo era silencio. En el fondo de la sala, el ayudante de merchandising empezó un tibio aplauso que terminó convirtiéndose en algarabía y vítores.

“Gente… Me voy” avisó Gonzalo Tumách. Mientras salía me miró desde la otra punta de la sala, hizo el chasquido con la pistolita y se fue.

Adentro era todo una fiesta. Habían logrado su cometido. El producto finalmente se convirtió en un top seller en su rubro. Si espera que le diga cual era, es porque no me conoce.

Max

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The Oficina: money money money

Abril 1, 2008 · 3 comentarios

En estos tiempos difíciles es posible que cada uno de nosotros se encuentre ante la compleja tarea de armar el presupuesto anual del área (o empresa) en la que trabajamos.

Hace poco, me encontré en un congreso con el cineasta Peter Ke-Tul quien presentaba su “caso de éxito” ante una concurrida audiencia. Se trataba de un proyecto de venta de salchichas calientes metidas en un pan abierto al medio. A las salchichas se les podía agregar una salsa a base de mostaza o bien otra de color amarillo comunmente denominada mayonesa. Ke-Tul anunció que había un “nivel superior” de inversión que permitía a los consumidores de su producto agregarle otro tipo de salsa: una roja con un fuerte gusto a no se qué. Incluso si esta última se mezclaba con la anteriormente mencionada mayonesa, se obtenía una nueva salsa denominada “Golf” en honor a Laurent Golf, el conocido repartidor de diarios de las afueras de Paris.

El proyecto se llamaba “Pan Tzo” y fue un éxito rotundo. Le compraron la licencia de varios países y Ke-Tul se llenó de dinero. Registró los nombres en inglés, francés, italiano y árabe (”Por el pan” dijo). Incluso la Real Academia Española pidió su permiso para utilizarlo como apodo de los Franciscos y para el uso de frases coloquiales.

Peter Ke-Tul, oriundo de Argelia, hizo fortunas con su proyecto. Dejó el cine. También dejó a su mujer y a sus cuatro hijos y se fue a vivir a Mónaco con una modelo.

Cuando le preguntaron cómo hacía él para manejar el presupuesto anual de Pan Tzo Inc. con tantos empleados y sucursales por todo el mundo, él solo se limitó a decir “Es simple. Trato de no gastar más de lo que gano”.

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Vengo por la entrevista

Febrero 1, 2008 · 1 comentario

Haciendo la cola en la bolsa de trabajo pensaba qué difícil debe ser para un tipo decidir si una persona es confiable, aceptable, responsable y todas las palabras con “able” que existan el diccionario. Sobre todo porque en esas entrevistas de trabajo te hacen siempre las mismas preguntas.

Es como el juego de la Oca. Vas pasando de casilleros a medida que te tocan algunas prendas. “Hace el psicotécnico y le va bien. Adelanta 3 casilleros”. “Ups… respondió mal a la pregunta “¿Daría trabajo a un familiar?”. Se va con el CV bajo el brazo. Vuelve a empezar”.

Entonces la verdad de la milanesa es que, en esas entrevistas, los futuros empleadores deben ver cientos de personas que no son las que necesitan. Yo me preguntaba si habría alguna forma de evitar esto. De ya recibir gente que, al menos, tenga un mínimo de posibilidades de ser los indicados.

Mientras avanzaba hacia mi el turno, me acordé de un aviso que encontré en una revista en la mesita de la sala de espera de mi pedicuro. Estaba en inglés pero resolvía mi pensamiento. Decía así: (more…)

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Soporte, técnico, soporte

Octubre 22, 2007 · 1 comentario

Si alguna vez tuvo algún problema con su computadora, conexión a internet, calefón o, por qué no, su gato sabrá lo difícil que es interactuar con los especialistas que tienen por misión resolverle los problemas.

En el caso de las computadoras o internet se lo suele denominar “soporte técnico”. Esta especie (una de las pocas que no está en extinción lamentablemente) se caracteriza por dilatar la ayuda. Pese a que su trabajo sea, precisamente, ayudar. Es como si usted fuera al médico porque se quebró una pierna y el facultativo le diga algo como “hum… ¿ya probó doblando la pierna? Cuando logre hacerlo, si sigue el inconveniente, vuelva y vemos qué podemos hacer”.

Aunque parezca extraño, aunque le suene cuanto menos disparatado, estos personajes son necesarios porque, después de todo, conforman el clásico “mal necesario”.

Respuestas como “acá y lo veo bien”, “apáguelo, espere 10 minutos y vuélvalo a prender” o “lo probé y anda” son las que siempre se reciben vía telefónica (si es que lo atienden) y usted triste, solitario y final se queda mirando a su computadora diciéndole “¿por qué me hacés esto?”.

Ni hablar si recibe un “justo estoy con lo tuyo” porque eso quiere decir que el técnico en cuestión no tiene la menor idea de lo que le está hablando.

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The Oficina: cuando hable en una reunión… pruebe

Octubre 10, 2007 · 3 comentarios

¿No le ha pasado que, estando en una reunión, tiene la sensación de que nadie le presta atención a lo que está diciendo? Haga el intento. Cuando usted esté explicando un plan estratégico (o lo que sea) con su archivo PowerPoint impecable, de pronto, como quien no quiere la cosa clave una expresión fuera de lugar y verá que nada sucede.

Por ejemplo, diga algo como: “como ven en el slide que sigue, el crecimiento de nuestras ventas serán acompañadas de un plan de marketing inverosímil que logrará que esta empresa fracase en cualquier ámbito donde se presente”.

Luego haga una pausa, enfrente a su audiencia (que puede ser de una persona y también funciona) y observe las expresiones. Verá con sorpresa que todos asentirán y se codearán al ritmo del “este tipo sí que sabe de lo que habla”.

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Las ideas no se matan

Septiembre 24, 2007 · No hay comentarios

Los que visitan en forma asidua estas páginas (digitales pero páginas al fin) saben lo que opino sobre las buenas ideas. Y, desde aquí, bregamos por ellas. Los ejemplos no abundan pero en general se comprenden claramente cuando están aplicados a la publicidad.

La semana pasada, respondiendo y leyendo (¡¡¡ en ese orden !!!) los mails que tan gentilmente escriben a yo@max.com.ar, Gina nos mandó un claro ejemplo de lo que siempre discutimos.

La gente de POST-IT (para los que no conocen de qué se tratan los post-it, son unos papelitos de colores (en general el amarillo pero hay para todos los gustos) con uno de sus bordes con pegamento. La idea es que allí se anoten cosas “esenciales” para no olvidar y se peguen en lugares visibles. De esa forma los “olvidadizos” tienen una forma sencilla de recordar sus tareas) tiene por tarea explicar de qué se trata su servicio y, al mismo tiempo, para los que los conocen rearfirmar que son los número 1. De hecho lo son porque, por ser los primeros, han logrado que su marca sea considerada un genérico. Como Velcro (nombre comercial de un material utilizado en lugar de cierres relámpago o botones) y tantos otros sobre los que ya escribiremos.

Entonces en cada publicidad que encaran tienen el doble desafío: enseñar y reafirmar.

A continuación les dejo lo que para mi gusto es una gran muestra de que se puede sintetizar. Y de que, una vez más, una buena idea comunica mucho mejor. Después de todo, de eso se trata. Acá va: (more…)

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Pensá, Amalia

Septiembre 4, 2007 · 1 comentario

Pensá, Amalia, pensá. No puede quedarse siempre en tu vida. Además, ¿qué se piensa? “traeme esto” “llevame aquello”. Así no va la mano. Pensá, Amalia, pensá. No podés enojarte por cada cosa que te pide. De última, ignoralo. Que se cague llamando. Vos no lo atiendas y listo. Pim pum, no lo atiendo y listo. Pero no Amalia, no podés no atenderlo. Si te llama por algo será. Después de todo… ¿después de todo qué? ¿Soy su esclava? ¿Acaso no tengo derecho a decir que “no” sin dar explicaciones? Yo tengo mis momentos, quiero mi espacio para poder desarrollarme sin tener que ir y venir. Pero el ir y venir es parte de la vida, Amalia. No podemos estar pensando que ese deambular no forma parte de nuestro objetivo. Estamos para eso. No, para eso no estamos. Estamos para mucho más. “Vos estás para mucho más” siempre me decía mamá Dios la tenga en la gloria. Si me viera ahora… dependiendo de este energúmeno para todo. Porque no se lo puede llamar de otra forma. “Amaliaaaa, me vendría bien un cafecitoooo”. Y a mi me vendría bien que te vayas a freir churros y no te digo nada. Yo también quiero un cafecito, mirá vos… ¿me lo preparás? (more…)

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Los ñoquis del 29

Agosto 29, 2007 · 3 comentarios

- Para mí con salsa boloñesa - dijo el loro Tambarini
- ¿Boloñesa? - le pregunté
- No no, mejor cuatro quesos… ¿no? - me preguntó buscando algún tipo de aprobación
- No sé Loro… ¿a vos te gustan los quesos?
- A mi me gusta la verdad. La verdad de la milanesa. Eso me gusta. - el loro se paró en medio del restorán y, golpeando la mesa con la cucharita de la quesera, aleccionó a todos los comensales - A mi gusta que la gente vaya de frente. Que te diga lo que tenga para decirte. ¿Sabés por qué?
- Bueno… me imagino…
- No, no te imaginás. Vos cre-és que te imaginás pero no . Porque así está la sociedad. ¿Por qué existen las sociedades anónimas? Ma que anónimo ni ocho cuartos. A mi decime las cosas con nombre y apellido.
- Loro, sentate y pedí dale que tengo hambre
- Así estamos… ¿te das cuenta? Uno levanta la voz para decir un par de verdades y lo callan…
- Loro, no te pongás así. Sentate que Braulio está esperando y todos tenemos hambre - le dije intentando que deje de golpear la mesa con la cucharita. Le hice una seña al mozo para que traiga otra panera y un par de mantequitas mientras elegíamos la comida.
- ¿Vos sos medio pelotudo, no? - le dijo Braulio con una franqueza fuera de lugar - te ponés a los gritos por una salsa de mierda. Pedite la boloñesa que tu cuerpo no está preparado para la cuatro quesos. ¿Qué te hacés ahora? ¿El finoli? Si te la pasás comiendo pasas de uva con paté de fuá… dejate de joder y pedí
- Medio si lo mirás con un solo ojo - gritó Papota mientras se iba para el baño
- Pará Braulio - intenté sosegar lo insosegable - que el Loro quiere cambiar. Y no está mal que cambie. De hecho, ya que está, podría cambiarse de camisa que hace diez días que viene con la misma.
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The Oficina: El sijefeísmo

Agosto 27, 2007 · 1 comentario

Males corporativos si los hay. El sijefeísmo es uno de los peores. Como jefe y como empleado. Porque como empleado uno puede sentir que, manteniendo el “si” a flor de piel, preserva su espacio, su cubículo, su mouse pad y (sobre todo) su fuente laboral. Pero quizás lo que el que apela al sijefeísmo no sabe que puede su jefe saber que solamente el trabajador le dice “si” para complacerlo y lo deja en su puesto solamente porque “le sirve”. Mientras ambos lo sepan y se “engañen” mutuamente, está todo bien.

Desde el lado del que recibe ese “si” a todo, también hay un peligro latente: creérselo. Pensar que ocupa su puesto porque es un iluminado, un ser superior que ocupa su trono y, demostrándoselo a todos, se abraza al sijefeísmo al grito de “¿Ves? si toda mi gente me quiere”…

Sea sincero, para dar y para recibir. Si es empleado, dígale a su jefe lo que piensa (ojo que eso no quiere decir que lo insulte ni le diga que su perro es feo ni nada por el estilo). Con argumentos, cualquier discusión es posible. Créame que su jefe, si es medianamente inteligente, lo va a valorar.

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The Oficina: Business Plan

Agosto 13, 2007 · No hay comentarios

En la empresas, a cada instante, se intenta ser entusiasta, optimista, creativo. Pero la verdad es que cuesta. Y a horrores. Ya lo decía el gerente de toallas de papel de afamada empresa de multimedios en su discurso de fin de año: “Acá el que no corre, vuela. Yo ni corro ni vuelo, pero la levanto en pala y ustedes no”.

¿Sabe lo peor? el 100% cierto en la mayoría de los casos.

Uno de nuestros abonados, el SEÑOR (sí, con mayúsculas) Scott Adams lo resume en su historieta DILBERT:

Dilbert 1308

Para leer bien, tiene dos opciones:

a) se compra un par de anteojos
b) hace click acá.

Max

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