En el país de los tuertos… el que no madruga Deus no lo ayuda

En la cola de la verdulería pensaba: “Qué cosa… ¿no? hoy por hoy hay mas cola para comprar los super valuados tomates que para cambiar dólares”. Todavía me acuerdo cuando tenía que cambiar dólares… hoy los dólares me cambian a mi. Si tengo, soy un dandy y, si no tengo, un tercer mundista.

“Que feo que se ven las cosas desde acá abajo” me decía mi amigo Vinchu, que mide 1.58. Pero también es una alegoría a nuestra situación espacial en el mapamundi. Todo nos queda lejos. Todo nos queda caro. Pero, vaya paradoja, ya nada nos queda después del corralito.

“Sin embargo, no hay laburo” me replicó mi abogado cuando yo me negué a embargar a un deudor que insistía en seguir en esa condición. Yo le dije “Tito, no embargues porque no hay nada para embargar”. “Siempre hay algo para embargar, Maxi” me palmeó la espalda Luis Goldstein. Nunca me gustaron los abogados.

La cosa es que, estando en la cola de la verdulería, me crucé (en realidad se cruzó él conmigo porque yo estaba detenido. No preso sino parado en la cola, no le busque la vueltita graciosa a todo que sino no termino más, hágame el favor) con Miguelito Rueda que venía refunfuñando. Cuando me vió, cambió la expresión y nos pusimos a conversar de bueyes perdidos.  Me dijo: “¿Viste que Lean perdió un buey?”

- No solo Lean, también Xalva

- ¿En serio?

- Y… viste como son los bueyes… los dejás sueltos y se pierden…

- Si… encima lo peor que tienen los bueyes son lo cuernos. Igual que Nicanor, el de la fotocopiadora.

- Es un chiste eso – le dije

- No – me replicó Miguel – un chiste sería: “mamá, mamá, están golpeando la puerta… dejá que defienda sola”. Eso sería un chiste. Lo de Nicanor es posta.

- Ah… ¿corre postas? – pregunté muy (pero muy) confundido

- No, corre a los pata de lana que le ponen los cuernos – me contestó Miguelito que, ya cansado de mi, empezó a caminar en dirección a la fábrica de pastas – Me voy a comprar unos canelones.

Y se fue. Lo miré mientras se iba y me olvidé de felicitarlo porque se casa la semana que viene. “¡ Qué bueno que se casa !” me acuerdo que pensé.  En ese preciso instante me vibró mi celular. Era un mensajito de mi mujer. “No te olvides los zapallitos. Traé huevos que te faltan”.

“Pobre” terminé de pensar “Se casa”. Y en ese momento me tocó a mi en la verdulería. Le pedí los zapallitos a Cosme y los huevos. Y me volví pensando en los cuernos de Nicanor. Y en los bueyes perdidos.

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Una respuesta a esta entrada.

  1. jajajaj me rei mucho… y hablando de bueyes de huevos y casamientos, que ganas de comerme una buena tortilla o por que no despues del almuerzo, una linda torta…… bue lo de segundas lescturas se lo dejo a los que saben

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